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28 DE JUNIO DEL 2013

LA RELIGIóN CRISTIANA EN EL HOGAR
Este es uno de los temas más importantes dentro del hogar. La religión no es una simple teoría, tiene que ver con la vida práctica. Dios pide de cada componente de familia que viva la religión en su propia vida y en su hogar.

“En la familia la religión consiste en criar a los hijos en la disciplina y admonición
del Señor. Cada miembro de la familia debe ser sustentado por las lecciones de Cristo, y el interés de cada alma debe protegerse estrictamente, para que Satanás no engañe a nadie ni lo aparte de Cristo.

Tal es el ideal que cada familia debe procurar alcanzar, resuelta a no fracasar ni a quedar desalentada. Cuando los padres son diligentes y vigilantes en su instrucción, cuando
enseñan a sus hijos a procurar sinceramente la gloria de Dios, cooperan con él y él coopera con ellos en la salvación de las almas de aquellos hijos por quienes Cristo murió” (El Hogar Cristiano, pág. 286).
 
La educación más importante.
 
En el siglo XXI en que vivimos, los personas están dando mucho auge a la educación. Incluso la educación básica en ciertos países es de carácter obligatoria. Pero la educación más importante que es la espiritual, en general se la pasa inadvertida.
Tanto los padres así como los hijos viven ignorándola o dejándola en un último lugar: “si me queda algo de tiempo, lo haré”. Lamentablemente, esto no solo sucede con las personas que poco conocen de Dios. En nuestra iglesia hay padres y madres que en el orden de valores tienen la educación espiritual muy lejos de donde debiera estar. Tal vez alguno piense:
para educar a mi hijo en lo espiritual, voy a llevarlo todos los sábados a la iglesia para que en la escuelita de niños lo eduquen en esa área. Pero esto es un grave error, porque “En
el hogar se echa el fundamento de la prosperidad que tendrá la iglesia. Las influencias que rijan la vida familiar se extienden a la vida de la iglesia. Por lo tanto, los deberes referentes a la iglesia deben comenzar en el hogar” (El Hogar Cristiano, pág. 287).
Hay padres “cristianos “que se esmeran tanto para que sus hijos sean sobresalientes en la educación secular. ¡actitud correcta! Pero son casi nulos respecto a la educación espiritual.
¡Qué grave error! ¡Cara será la cosecha de esta siembra! Queridos hermanos: “Teniendo
buena religión en el hogar, tendremos excelente religión en las reuniones. Defendamos el fuerte
del hogar. Consagremos nuestra familia a Dios, y luego hablemos y actuemos en casa como cristianos.
Seamos bondadosos, tolerantes y pacientes en casa, sabiendo que enseñamos.
Cada madre es una maestra y debe aprender en la escuela de Cristo, a fi n de saber enseñar a sus hijos y modelar correctamente su carácter” (El Hogar Cristiano, pág. 288).
“Nuestra religión será inútil si no manifestamos mansedumbre, bondad y cortesía en el hogar. Si hubiese más religión genuina en la familia, habría más poder en la iglesia” (El Hogar Cristiano, pág. 287, 288).
 
Peligro en la postergación
 
“Padres, ¿qué conducta seguís? ¿Guía vuestra obra la idea de que en asuntos religiosos vuestros hijos deben estar libres de toda restricción? ¿Los estáis dejando sin consejo ni
admonición durante su infancia y juventud? ¿Les estáis permitiendo que obren como les agrade? Si obráis así, estáis descuidando las responsabilidades que Dios os dio”
(El Hogar Cristiano, pág. 289).
“Dejar a los niños crecer sin conocer a Dios es algo muy grave. Los padres cometen un terrible error cuando descuidan la obra de dar a sus hijos educación religiosa, por pensar que saldrán bien y que, al tener más edad, anhelarán obtener experiencia religiosa. ¿No podéis ver, padres, que si no implantáis las preciosas semillas de la verdad, el amor y los atributos celestiales, Satanás sembrará cizaña en el campo del corazón?
“Con demasiada frecuencia se deja que los niños crezcan sin religión porque sus padres piensan que son aun muy tiernos para que se les impongan deberes cristianos…
“Los padres ocupan frente a sus hijos el lugar de Dios para decirles con firmeza y perfecto dominio propio lo que deben hacer y lo que no deben hacer. Todo esfuerzo hecho
en favor de ellos con bondad y dominio propio cultivará en su carácter los elementos de la firmeza y la decisión. . . . Los padres tienen el deber de decidir temprano esta cuestión para que el niño no piense en violar el sábado ni en descuidar el culto religioso o la oración en la
familia, como no piensa en robar.
Las manos de los padres son las que deben construir la valla” (El Hogar Cristiano,
pág. 288, 289).
 
Tarea de la madre y del padre.
 
La educación de los hijos es muy amplia. Es responsabilidad de ambos padres sostener la religión en el hogar. Tiene que ver con nuestra vida. Para ser coherentes, no podemos
exigir lo que no hacemos. Debemos instruir a nuestros hijos primero con nuestro ejemplo. Generalmente, la madre es quien pasa más tiempo con los hijos y a ella se le aconseja
lo siguiente: “No se cargue la madre con tantos cuidados que no pueda dedicar tiempo a las necesidades espirituales de su familia” (El Hogar Cristiano, pág. 290).
 
Al padre, también se le aconseja: “El padre de la familia no debe dejar a la madre todo el cuidado de dar instrucción espiritual. Una gran obra debe ser hecha por los padres y las madres, y ambos deben desempeñar su parte individual en la preparación de sus hijos para el
gran examen del juicio” (El Hogar Cristiano, pág. 290).
 
Una vez un hermano dijo: “Hay reformistas que tienen poca espiritualidad ¿Por qué? “Porque se levantan, comen y se van; regresan, comen y se acuestan. Viven como si Dios no existiese. No hay tiempo para Dios, no oran al levantarse, no hay culto matutino. Si oran, lo hacen por rutina y solo lo hacen por 10 segundos a la hora de la comida. No oran al salir, no oran al regresar, no hacen el culto vespertino, no tienen tiempo para sentarse unos minutos y hablar de
Jesús a sus hijos y finalmente no oran al dormir. Y así se les pasan los días, semanas, meses, los años y la vida”.
Es lamentable saber que hay hogares en nuestra iglesia donde no se hacen los cultos matutino y vespertino. He comprobado, que en hogares donde no se hacían los cultos diarios, los hijos crecidos así, cuando formaron sus propios hogares, siguieron con la misma deficiencia de sus padres. ¡Qué trabajo le toca al que quiere hacer la voluntad de Dios al corregir a su cónyuge si tiene este defecto! Y esto es si uno de los dos tiene esta deficiencia. Pero si se casan dos jóvenes con la misma deficiencia, ¡pobres hijos! Al entrar en esos hogares, se siente una ausencia marcada de Dios.
He visto hogares reformistas donde un cónyuge invita a toda la familia al culto, y el otro cónyuge viene de mala gana, con una cara ceñuda, ni siquiera canta en el culto, solo
balbucea y si el culto se demora más de 3 minutos, ya hace gestos de disconformi-
dad. Me pregunto: ¿Cómo puede llegar a suceder esto en algunos hogares de creyentes? Sin
ninguna duda, que se necesita una genuina y diaria conversión de los padres, a fin de poder trabajar con éxito en favor de los hijos. Ambos deben decidir y poner su voluntad diariamente a fin de ser bendecidos con este privilegio de cultivar la religión en el hogar.
Los hijos son como un disco duro dispuestos a ser llenados. Como padres, tenemos el privilegio de hacer lo mejor por el bien de ellos y el nuestro. En mi experiencia personal,
agradezco a Dios el privilegio (cuando estoy en casa) de ver la felicidad que tienen mis hijos, cuando se acuestan y leemos juntos una historia bíblica o un capítulo del Conflicto
de los Siglos adaptado para niños. A ellos le gustan las historias, y cuánto mejor aquellas que son las de nuestros hermanos del pasado.
Debemos aprovechar toda oportunidad para llevar nuestros hijos a Dios e instruirlos por  precepto y ejemplo en la verdad. “Hágase atractiva la vida cristiana. Háblese del país donde han de establecer su hogar los que siguen a Cristo. Mientras hagáis esto, Dios guiará a vuestros
hijos a toda la verdad, llenándolos del deseo de hacerse idóneos para las mansiones que Cristo ha ido a preparar para los que le aman” (El Hogar Cristiano, pág. 291).
“Padres, haced participar a vuestros hijos en vuestros ejercicios religiosos. Arrojad en derredor
de ellos los brazos de vuestra fe, y consagradlos a Cristo. No permitáis que cosa alguna os haga descuidar vuestra responsabilidad de educarlos correctamente, ni que interés
mundanal alguno os induzca a dejarlos rezagados. No toleréis que vuestra vida cristiana os aísle de ellos. Llevadlos con vosotros al Señor; educad sus intelectos para que se familiaricen con la verdad divina. Dejadlos asociarse con los que aman a Dios. Llevadlos al pueblo de Dios como niños a los cuales procuráis ayudar en la edificación de un carácter idóneo para la eternidad”
(El Hogar Cristiano, pág. 290).
Existen algunos “creyentes” a quienes no les gusta orar con sus cónyuges, pero el consejo divino para ellos es: “Soliciten los padres a Dios que los guíe en su obra. Arrodillados
delante de él, obtendrán una verdadera comprensión de sus grandes responsabilidades, y podrán confiar a sus hijos a Aquel que nunca yerra en sus consejos e instrucciones” (El
Hogar Cristiano, pág. 290). Es demasiado importante que ambos padres se unan para que sus hijos hallen la salvación y sean conducidos a la vida eterna
¿Por qué fracasan ciertos padres?
He visto hogares que han sido un ejemplo, donde la madre piadosa junto a su esposo han inculcado la fe en sus hijos y todos los hijos al crecer y formar sus propios hogares
han continuado lo que sus padres sembraron en ellos. ¡Qué bellos ejemplos!
También he oído a muchos padres, miembros de nuestra iglesia, decir y hacerse la pregunta: “Yo quiero que mi hijo venga a la iglesia, y que mi hija se bautice… ¿Por qué mis hijos
no están en la iglesia? ¿Habré fallado en algo? ¿En qué?” Si tomamos por ejemplo un hogar donde no se practica la oración de fe al levantarse, no se hace el culto matutino, no
se ora al salir, no se ora al regresar, no se hace el culto vespertino o se lo hace en 2 minutos, y los padres no se toman tiempo diariamente para hablar con sus hijos de Dios, creo que
la respuesta es obvia. Los padres necesitan primero convertirse al Señor de todo corazón, darle el primer lugar en sus vidas a Jesús para luego poder llevar sus hijos a Dios.
Los intereses económicos y/o la presión de la sociedad moderna de tener cada día más ha llevado a la madre a trabajar, a los padres a descuidar la instrucción religiosa en el hogar. Este es uno de los argumentos presentados por algunos hermanos a la hora de la consejería
familiar.
“Tal vez penséis, padres, que no tenéis tiempo para hacer todo esto, pero debéis tomaros tiempo para hacer vuestra obra en la familia; de lo contrario Satanás suplirá la defi
ciencia. Eliminad de vuestra vida todo lo que os impida hacer esa obra, y preparad a vuestros hijos de acuerdo con las órdenes divinas.
Descuidad cualquier cosa de naturaleza temporal, contentaos con vivir económicamente, reducid vuestros deseos, pero por amor de Cristo no descuidéis vuestra propia preparación religiosa ni la de vuestros hijos” (El Hogar Cristiano, pág. 292).
 
Reflexión
“Resuelvan los padres cristianos que serán leales a Dios, y reúnan a sus hijos en derredor suyo en el hogar, para rociar el dintel con sangre que representa a Cristo como el Único que puede proteger y salvar, para que el ángel destructor pase por alto el amado círculo de la familia. Vea el mundo que obra en el hogar una influencia más que humana. Mantengan los padres una relación vital con Dios, declárense de parte de Cristo y demuestren por la gracia de él cuánto bien puede lograr la actuación paterna” (El Hogar Cristiano, pág. 293).
 
Es mi anhelo que con dirección y ayuda de la gracia divina podamos cultivar la religión en nuestro hogar, y que todos sus miembros cuando vuelva Jesús, podamos ascender hacia el trono blanco. Entonces recién habremos llegado al fin de nuestra meta. Dios
nos bendiga y nos ayude en esta tarea tan noble y de consecuencias eternas. Amén.

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