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12 DE MARZO DEL 2013

LA IMPORTANCIA DE LOS DETALLES
"Cayó la corona de nuestra cabeza; ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos. Por esto fue entristecido nuestro corazón, por esto se entenebrecieron nuestros ojos, por el monte de Sión que está asolado; zorras andan por él. "Lam. 5:16-18

Como hijos del Rey del Universo tenemos la promesa de heredar una corona, una corona de gloria que nuestro Padre celestial, en su gran misericordia, tiene reservada para nosotros. Las promesas del Padre son sí y amén y El nos ve ya con la corona sobre nuestra cabeza, pero cada vez que pecamos, deshonramos al Padre, perdemos la gloria que nos tiene reservada, perdemos nuestra posición de príncipes herederos, y como consecuencia nuestro corazón se entristece, nuestra alma se siente apesumbrada, nuestros ojos pierden su fulgor, perdemos la luz que debería iluminar nuestro rostro y la miseria se apodera de nosotros.

El Monte Sión es donde Dios tiene su morada y éste se ve asolado y acosado por las zorras. "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas porque nuestras viñas están en cierne." (Cantares 5:15) El Señor compara a su pueblo, a su iglesia, con un viñedo: "Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judáplanta deliciosa suya" (Isaías 5:7), y para protegerla construye una cerca a su alrededor. Esa cerca es su ley. La viña debe dar un fruto muy dulce después de tanto cuidado. Es justamente cuando la viña ha florecido que se encuentra en peligro, es entonces que un gran aguacero le puede hacer perder su fruto. El zorro es un animal astuto que busca hasta encontrar una apertura en la cerca para infiltrarse y entrar en el viñedo a comerse las uvas.

Cuando somos negligentes en la observancia de la ley de Dios, nuestros pecados, al igual que las zorras, se comen las frutas antes que maduren, impiden que demos frutos de alabanza, honra y gloria a nuestro Padre celestial. "El monte de Sión está asolado; zorras andan por él." (Lam. 5:18). Salomón dice: "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas", los pequeños pecados pueden causar grandes estragos y hacernos perder la cosecha.

"Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalém la palabra de Jehová." (Isaías 2:2,3) Los hijos de Dios son los "reparadores de portillos" (Isaías 58:12), los que repararán la cerca para que no entren las zorras, los que exaltarán la ley de Dios que procede del monte Sión donde vive el Señor.
Las personas que oigan al ángel llamarlos a salir de Babilonia: "Salidde ella, pueblo mío..." (Apoc. 18:4) se dirigirán a la casa de Dios, a su iglesia, a "aprender sus caminos", a conocer a Jesús quien dice de sí mismo: "Yo soy el camino" (Juan 14:6) y a aprender a caminar en sus huellas. El camino de la salvación no es una vía ancha, sino un sendero estrecho, y con alegría muchos entrarán en esa senda y se unirán a los hijos de Dios que conservan sus coronas sobre sus cabezas, que cazan las pequeñas zorras, y no permiten que el pecado aún más pequeño arruine los preciosos frutos del viñedo, se unirán a aquellos que exaltan la ley de Dios.
Quiera el Señor ayudarnos a estar alertas y alzarnos cuando recibamos el llamado: "levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti." (Isaías 60:1) que se abren y cierran provocativamente invitando la mirada sensual de los hombres. Sin duda, todo esto trae como consecuencia un aumento de la criminalidad sexual al alimentar la imaginación pervertida del hombre.

Dios creó al hombre y a la mujer diferentes, y aunque deben tener igualdad, razón por la cual Eva fue creada del lado de Adán y no de sus cabeza o de sus pies, ambos desempeñan un papel distinto en la familia y la sociedad. Por lo tanto deben también diferir en la forma de vestir: "No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace." (Deut. 22:5)

La mujer fue creada para ser femenina, delicada, discreta, llevar colores suaves, comportarse con prudencia y llamar la atención por la humildad y nobleza de su carácter y no por la forma en que se viste. El apóstol Pedro da consejos prácticos sobre lo que debe o no debe hacer una mujer cristiana: "Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios." (1 Pedro 3:3,4).

El carácter es el adorno más bello para un hijo de Dios. Un carácter suave, gentil, sumiso, que difiere del carácter más bien agresivo y emprendedor del sexo masculino, es más apto para una mujer. Esta diferencia entre los sexos, tanto en apariencia exterior como en rasgos de carácter es, en realidad, lo que atrae uno al otro y puede llevar a la formación de una pareja feliz y equilibrada.

Pablo agrega un detalle más a la forma en que el hombre y la mujer deben diferir uno del otro: "La naturaleza misma: ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello." (1 Cor. 11:14,15)

Una apariencia sencilla en la que quedan en evidencia los dones y rasgos naturales dados por Dios de forma no pretenciosa o vanidosa, una cara lavada pero con ojos brillantes de gozo y pureza, una sonrisa genuina, un paso firme y seguro con zapatos cómodos que no deforman los pies o la columna vertebral, ropas limpias y modestas hechas con fibras naturales que permiten respirar al cuerpo y moverse libremente, es lo que el Señor quiere que usen sus criaturas para preservarlas saludables física y espiritualmente.

Quiera el Señor ayudarnos a escuchar y poner en práctica estos consejos y liberarnos de la vanidad, para poder disfrutar de la vida con el corazón en paz, Ubre de codicia, de espíritu de competencia, envidia o ansiedad. Quiera Cristo vestirnos con el manto de justicia que nos ofrece en Apocalipsis 3:18: Amén.

 

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